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sábado, 3 de enero de 2026

CURSO: "EN BUSCA DEL UNICORNIO": "LA BRÚJULA CÓSMICA" (Viernes, 9 de Enero, 2026)

                                                    

                                                 TALLER : "LA BRÚJULA CÓSMICA"


   Este es el Taller 5º del Curso Psicohedónico: "EN BUSCA DEL UNICORNIO" 

Un taller para quienes sienten que la vida susurra… 
incluso cuando no sabemos escucharla.


- ¿Qué dirías si dentro de ti hubiera una brújula secreta capaz de orientarte sin mapas, sin relojes, sin certezas externas?

- Ese es el corazón de este taller: descubrir que existe un norte interior —profundo, silencioso, vibrante— que sabe antes que la mente, que decide antes que la razón y que intuye antes que la palabra.


Dicen que cada persona nace con un camino.
Pero casi nadie recuerda dónde guardó el mapa.

Y sin embargo, bajo todas las capas que creemos ser —ideas, miedos, hábitos, dudas, voces heredadas, promesas que ya vencieron— late algo antiguo, luminoso, infalible: una brújula.

No una brújula geográfica.
Una brújula interior.
Una brújula cósmica.




Porque el universo no solo nos rodea: también nos atraviesa.
Y en cada respiración guardamos huellas del cielo y de la tierra.
En cada músculo, un sí o un no.
En cada símbolo, un mensaje que viene de lejos.
En cada silencio, el eco de todos los que vinieron antes.



Este taller es una invitación a volver a escuchar.

A recordar que el cuerpo sabe antes que la razón.
Que los sueños saben antes que el discurso.
Que el corazón sabe antes que el cálculo.
Que la intuición sabe antes que la explicación.

Y que todo ese conocimiento profundo no es magia, ni fantasía, ni suerte…
es memoria...
MEMORIA DE COSMOS.


Aquí exploraremos el cuerpo como antena.
La emoción como faro.
El símbolo como mapa.
Y la resonancia interior como señal de dirección.
Nos adentraremos en el lenguaje secreto del inconsciente colectivo, en los ecos invisibles del universo, en los arquetipos que florecen dentro y fuera de nosotros, en la extraña precisión con la que la vida responde cuando la escuchamos de verdad.

Aquí no buscaremos predicciones...
Buscaremos alineación.

Porque la brújula no te dirá qué hacer...
Te dirá cuándo lo que haces ES VERDADERO.


Si alguna vez has sentido que algo dentro de ti te llama sin palabras…
si has presentido respuestas que no sabías explicar…
si tu corazón se expande ante ciertas decisiones y se encoge ante otras…
si sospechas que hay más inteligencia en el universo de la que cabe en la superficie de lo evidente…
este taller es para ti.

Tres horas para recordar.
Tres horas para despertar.
Tres horas para volver a casa.


No aprenderás qué rumbo tomar.
¡Aprenderás a sentirlo!



Y cuando ese momento llegue —y llegará—
descubrirás que no estabas perdido:
solo estabas lejos de tu propia voz.

La brújula ya está en tus manos.
Solo falta levantar la mirada…
y dejar que el universo responda.




FICHA DEL TALLER Nº 5 DEL CURSO PSICOHEDÓNICO "EN BUSCA DEL UNICORNIO": "LA BRÚJULA CÓSMICA"

Fecha: Viernes, 9 de ENERO 2026  

Lugar: Sala Mozart (C/.Esglesia, 91. 1er. piso) CALELLA.
Horario: de 18:30 h. a 21:30 h.
Imparte:  Lauren Sangall  (Psicoterapeuta) 
Colabora: Psicohedonia Group
Precio: 39 €  

Materiales necesarios:  Ropa cómoda. Una manta. 
(No se requiere experiencia previa. Solo apertura.)







viernes, 10 de febrero de 2012

El Rio de la Vida ("Be water, my friend"))




     Hace unos años, una compañía de automóviles de alta gama tuvo la afortunada idea de incorporar en uno de sus anuncios televisivos, un fragmento de la última y célebre entrevista a Bruce Lee, de 1971. Concretamente, aquella secuencia en la que pronuncia sus inmortales palabras: “Be water, my friend…” El discurso completo del carismático maestro de kung fu nos remitía a antiguas enseñanzas taoístas. Traducidas, sus palabras decían lo siguiente: “Vacía tu mente… Libérate de las formas… como el agua. Pon agua en una botella y será la botella. Ponla en una tetera y será la tetera… El agua puede fluir o puede golpear. ¡Se agua, amigo mío!”





Sin embargo, no solemos seguir los sabios consejos del luchador filósofo. No sólo no acostumbramos a vaciar nuestra mente y a liberarnos de las formas, sino que, por lo general, vivimos continuamente dominados por nuestros pensamientos. La mayoría del tiempo permanecemos como hipnotizados por los recuerdos que van apareciendo en nuestra mente, cosa que ocurre sin nuestro control consciente, pues aunque la mayoría de las personas crean que son ellas quienes dirigen, libre y voluntariamente, sus pensamientos, la verdad suele ser diferente: esos pensamientos… sencillamente afloran en nuestra pantalla mental, sin que ejerzamos ningún control sobre su aparición.




Tan sólo, de forma esporádica, intentamos degustar la existencia aferrándonos al presente, al aquí y ahora, como aquel que se esfuerza desesperadamente por salir de un sueño y despertar. Para sentirse en el mundo real… para sentirse vivo.

Sin embargo, llegados a este punto, lo que solemos hacer para que no se nos escape ese momento… es caer en el error de intentar prolongar la acción que se está realizando, tratando, con ello, de prolongar, a su vez, la sensación que se está experimentando. Dicho de otra forma: intentamos eternizar el momento a base de intentar eternizar la acción. 




Como los relojes dilatados de Dalí, que parecen irse derritiendo... intentamos estirar el tiempo... el instante... Derretirse o congelarse... en el fondo, vendría a ser equivalente... pues, también, vendría a ser algo así como quien fuera congelando una imagen de video, dentro de una película, pulsando la tecla de pausa... o rebobinando una y otra vez la escena, en un bucle maníaco y desesperado. (¿Recuerdan aquella película de "Atrapados en el Tiempo"... aquella del Día de la Marmota...? Pues aunque parezca exagerado y absurdo, viene a ser algo parecido) Con todo ello, no estaremos haciendo más que caer en el círculo vicioso de una confusión fatal.




Lo que nos cuesta enormemente captar y descubrir es que la forma real de eternizarse no puede llevarse a cabo si no es a través del propio fluir de la acción (“be water, my friend”), entregándose y fluyendo completamente con la propia acción. Justamente lo contrario a lo que, como decía en el párrafo anterior, estamos tratando de hacer. Es decir: hemos de soltar, en vez de retener.



Cuando renunciamos a retener la acción, cuando renunciamos a retener la sensación… entonces renunciamos, también, a la posesión, y con ella, al pretendido control de las mismas. Entonces… permitimos que “la cosa sea…”, aceptamos que la vida se exprese… fluyendo nosotros con ella.



Es entonces, de esa manera, cuando podremos percibir, sin apego ni aflicción, que el flujo de la vida continua… Y eso nos va llevando a una participación de la existencia, que al irse prolongando, sin interrupciones… (porque en el flujo de la vida no existen las interrupciones como nosotros las solemos entender; en todo caso, de una cosa se salta a otra, continuamente, sin dejar rastro de lo anterior), al irse prolongando, digo, esta participación nuestra se va integrando con el entorno, llevándonos a una conciencia de plenitud.



Es el flujo lo que es eterno. El flujo de la Vida. Incluso el propio rio cambia a cada instante. Lo único que permanece, como diría el mismísimo Buda,  ni siquiera es el rio... sino  el “riar”.

En la Existencia, no existen los sustantivos… tan sólo verbos…


Si retienes el agua… la estancas. La corriente del rio nos obligará a abrir las compuertas, de lo contrario acabará por reventar la presa. Aplicando la metáfora diríamos que pretender retener el momento representa un intento absurdo de estancar la vida, de detenerla. Al igual que el rio, la vida cambia a cada instante. Lo que permanece es el vivir. El vivir si que es un flujo perenne, sin solución de continuidad.



Lo que ocurre, es que aunque creamos que estamos vivos, psicológicamente hablando, no siempre es así. Físicamente sí, desde luego. Vamos sobreviviendo de forma continua… a nivel físico...




...Pero lo que es a nivel psicológico, a nivel profundo, casi nunca estamos en la vida, percibiendo la vida de forma existencial, sino que nos arrastramos por el mundo de forma sonambúlica, mientras que nuestra atención mental vaga errante, atrapada entre un polvoriento archivo de recuerdos y un oscuro laboratorio de fantasías y proyectos.




Por el contrario, resulta un espectáculo magnífico contemplar a los hábiles surfistas cabalgando sobre las grandes olas. Con la fascinante exhibición de sus acrobacias logran aproximarse al sabio taoista Lie Zi, de quien se decía que era capaz de cabalgar el viento.



También el arte de la navegación a vela nos lo puede hacer recordar, viendo a los gráciles veleros deslizarse raudos sobre las espumas del mar, incluso con el viento en proa, aliándose para ello con la “magia” de la Naturaleza...

A diferencia de resistirnos, de rechazar... de elegir... como solemos hacer continuamente, entrar en el espíritu del Tao, lo que se conoce como wu wei, nos permite experimentar y fluir. Es como un actuar sin esfuerzo: esa es la auténtica y sabia Ley del Mínimo Esfuerzo: la forma natural de hacer las cosas. 


Seguir el camino del Tao es un permitir, un “dejar ser”,... un vivir sin interrumpir... el Rio de la Vida.



En contra de lo que pudiera parecer, de buenas a primeras, wu wei no se trata de inactividad... ni de pasividad, sino más bien de espontaneidad... de acuerdo al momento presente, renunciando a la acción calculada y preparada artificiosamente, con anterioridad. El oficio ha de aprenderse, desde luego; la técnica y el talento han de desarrollarse y depurarse al máximo... pero después, la cuestión es entregarse y sumergirse en la inmediatez de la propia acción, olvidando todo interés respecto a los resultados que pudieren derivarse. Es vivir la acción, tal como se está presentando, libre de objetivos.


Así se puede experimentar una identificación plena con la Vida.


Escrito por: Lauren Sangall. Psicólogo Clínico, Psicoterapeuta. Premiá de Mar -Barcelona- Tel.: 937516354  e-mail: laurensangall@gmail.com

viernes, 3 de febrero de 2012

El maestro siempre está a tu lado.



            He dedicado varios artículos en este blog al tema de la sincronicidad. En ellos he procurado argumentar e ilustrar a través de  diferentes ejemplos como la Vida parece ir dándonos pistas, ofreciéndonos atisbos de lo milagroso a través del misterioso juego de las coincidencias. Si bien, la visión más mecanicista o materialista dura, equipara toda coincidencia, por asombrosa que pudiera considerarse, a puros sucesos aleatorios, pertenecientes a un mundo caótico, dominado por el azar, por el contrario, al irnos abriéndonos a una perspectiva más ecológica, más holística… en las coincidencias podemos ir reconociendo la presencia de la Sincronicidad. Con una mente abierta y atenta, podemos a veces intuir, en las conjunciones de coincidencias, acontecimientos necesarios… dentro de una trama donde todo se interconecta. Acontecimientos que llevan en sí mismos una información valiosa… un mensaje que nos ayude a desarrollar un propósito… una vida con sentido.



            De ser así, el aprender, entonces, a captar acertadamente esas pistas podría beneficiarnos enormemente en nuestro transitar por la vida, ya que nos dispondría a aprovecharnos de las oportunidades que la existencia, a través de la trama de la vida, a través de los sucesos del mundo… nos iría ofreciendo.

            Un antiguo adagio zen reza que “Cuando el discípulo está preparado, entonces llega el maestro.” A mí, de jovencito, confieso que me fascinaba esta sentencia. Me intrigaba en extremo el enigma de cómo podría llegar a darse tal encuentro. En la imaginería desbordante de mi incipiente adolescencia, me recreaba, en ocasiones, con fantasías extravagantes a propósito del tema.



Elucubraba con la desproporcionada eventualidad de que honorables y místicos lamas, así como toda suerte de gurus iluminados y otros esotéricos maestros de lo oculto, desde recónditos lugares del Tibet, o por el estilo, recibirían, tal vez, información telepática, percepciones a distancia… o visiones astrales… (¿qué sabía yo?) …de los colores del aura… (¡A lo mejor!)  de aquellos “discípulos” que ya estuvieran a punto… de quienes llegaban, por fin, a estar preparados.



         
   Sin duda, debió influirme para fantasear tan excéntricamente, mi intensa afición, por aquella época juvenil,  a los comics de super héroes Marvel, en especial a la colección del Dr. Extraño y su fabuloso amuleto: “El ojo de Agammoto”, un místico y arquetípico Ojo que todo lo ve.





Me costó unos cuantos años darme cuenta de que “tal encuentro”, efectivamente, resulta siempre inevitable. Y resulta que la solución al enigma viene a ser de lo más simple. Pues acontece que el maestro siempre encuentra al discípulo… por la sencilla razón… de que el maestro… siempre ha estado ahí… ¡A su lado! Lo único que sucede es que uno  no lo veía… porque todavía uno…  no estaba preparado para verlo!

En el momento que estás preparado… ¡zas! ¡Ahí lo tienes! No es que se materialice de la nada… sencillamente que ahora podemos verlo. Al estar preparados, podemos apreciar lo que antes pasaba desapercibido… irreconocible.



Simplificando, podemos hacer una analogía bien sencilla con los pasatiempos tipo “Sopa de Letras”, en donde de buenas a primeras tan solo vemos un conglomerado  o mosaico de letras, ordenadas sin sentido, pero tan sólo hace falta un revisión más atenta para que podamos comenzar a distinguir las palabras enmascaradas.



Lo mismo ocurre con los dibujos ocultos: el tema siempre es el mismo: descubrir que objeto, dibujo o mensaje se encuentra camuflado en la trama del cuadro. Pueden presentarse en múltiples niveles: desde simples siluetas ligeramente disimuladas, que sirven como fichas infantiles para colorear…


…hasta los fascinantes estereogramas, también conocidos como “El Ojo Mágico”. En estas abigarradas tramas pueden descubrirse espectaculares planos tridimensionales, en donde aparecen elaboradas e insospechadas escenas, absolutamente invisibles a primera vista. Como por ejemplo, el estereograma que les coloco a continuación, donde tras el aburrido e insípido entramado gris… se esconde el busto de Nefertiti… ¿Logran verlo?



Si no lo hubieren conseguido, no se desanimen: la mayoría de las personas desisten aburridas, pero el secreto consiste en desenfocar la vista. No tanto como para ver la imagen doble… pero casi. Si logran el punto justo de desenfoque, en la siguiente trama podrán ver dos canguros boxeando,  en auténtica 3D.




Algo parecido también suele ocurrir cuando, con el transcurso de los años, volvemos a releer            una gran novela o a ver de nuevo una buena película. ¡Nos parece otro libro! ¡Otro film! Descubrimos cantidad de datos, de información… de mensajes que en la primera ocasión, años atrás, no habíamos percibido en  absoluto. ¿Pero todo eso estaba ahí? ¡Desde luego! “¿Cómo puede ser que no lo hubiéramos visto antes?”, nos solemos preguntar, sorprendidos. Sin embargo, las cosas son así. Tan sólo asimilamos, en un momento determinado, aquello que nos resulta significativo. En definitiva: podemos ver y percibir algo… solamente cuando estamos preparados para ello.



Por eso mismo, a una cabra no se le puede ocurrir recoger flores silvestres para hacer un ramillete. Aunque se encontrara ante un espléndido campo de amapolas, no hará otra cosa que comérselas. Y lo mismo ocurriría si, por ejemplo, se encontrara con un libro… después de olisquearlo… acabaría comiéndoselo. Pues para la cabra, el libro tan solo puede representar una sola cosa: comida. Para ella será alimento. ¡Y daría igual que se tratara de una novela de aventuras que de un ensayo científico! Tanto si fuera la Biblia, el Corán, La Evolución de las Especies… o las obras completas de Dostoievski, acabaría zampándoselo enterito. ¡A mordiscos!


Si, por el contrario, quien se topara con el libro de marras fuera un hombre primitivo, un indígena analfabeto de una tribu perdida… entonces, lo más probable es que acabara utilizándolo como combustible y usara el libro para hacer fuego con él



Finalmente, si quien encontrara el volumen impreso fuese una persona civilizada, un hombre culto, al descubrir que se trataba del Bhagavad Guita… o del Hamlet, de Shakespeare, pongamos por caso, considerándolo como un legado de la Humanidad… lo guardaría y hasta, incluso, podría ver en esa coincidencia, la oportunidad de leerlo y poder, así, degustar el arte del genial dramaturgo inglés o de acercarse al profundo mensaje místico del Señor Krisna…



Y lo más interesante es que todas las reacciones son legítimas, Todas estas interpretaciones son válidas, ya que son lecturas posibles y viables, aunque distintas, de una misma realidad.

Pero entonces, volviendo al tema central que nos ocupa,  si el maestro, como decíamos antes, se encuentra siempre a tu lado… ¡Esperando! ¡Con paciencia infinita! Manteniendo la espera lo que haga falta para que podamos llegar a verle. Entonces… digo, ¿Quién habría de ser, concretamente, mi maestro…? 




¿Quién es el que está siempre junto a mí… esperando a que abra los ojos… y lo vea…? ¿Será fulano…? ¿Será Don Mengano…? ¿Quién será aquel que se encuentra siempre a mi lado…? ¡Tan cerca de mí…! ¡A mi alrededor…!
Tan sólo hay una respuesta segura… ¡Infalible! Quién está ahí fuera siempre…en todo momento… sin abandonarme jamás… Interrogándome… Provocándome… Mostrándome… Enseñándome… Castigándome… Premiándome… Sacudiéndome… Espabilándome… Acunándome… Acariciándome…  Desgarrándome… Permitiéndome… no es otro que… EL MUNDO…



     En efecto. ¡Sí! ¡El Mundo! El mundo, que tal como el último y definitivo arcano de las cartas del Tarot lo representan, es el gran  Bailarín, andrógino y arquetípico, que con su baile sin fin nos está mostrando, enseñando... a bailar... la vertiginosa danza de la Vida.
 
      
 
       ¡Mi Maestro…! ¡Tu maestro…! ¡EL MAESTRO… MUNDO!

viernes, 27 de enero de 2012

"Los sonidos del silencio" (2ª parte) (0M: la canción del Universo)




En el artículo anterior, llamaba la atención sobre la importancia de tomar conciencia de nuestra pobre relación con el silencio. En una sociedad contaminada, violentamente, por el ruido, donde se confunde la expresión de alegría con el estrépito y la estridencia, donde se embrutece progresivamente la sensibilidad auditiva y se nos impone el vivir inmersos en el bullicio y las embestidas acústicas, vamos desconectándonos, sin ni siquiera darnos cuenta, del fondo  esencial de silencio… sobre el que se fundamenta la Vida.



Acababa la primera parte de este artículo animando a la práctica del silencio,  sumergiéndonos en la naturaleza. El contacto directo y silencioso con la naturaleza puede llevarnos, con facilidad, a vislumbrar  el encantamiento de la existencia,  a captar atisbos de un misterio profundo… de un palpitar vivo… que desde el fondo silencioso lo penetra todo… lo envuelve todo.



Los sonidos del silencio nos llevan al encanto de la vida porque  nos van proporcionando señales. Señales de lo profundo, de lo que no suele verse superficialmente. Señales que nos invitan a seguir adentrándonos en nuestra conciencia… a fin de podernos reencontrar con el fondo del Ser. Darnos cuenta del silencio … … … nos aquieta. Darnos cuenta del silencio nos libera del Tiempo y nos devuelve al presente… nos ahonda en el instante… nos reconecta con el ahora intemporal…



Pero para hallar el encantamiento a través de la puerta del silencio, hemos de cambiar nuestra pobre relación con él; y más que pobre relación, habríamos de decir nuestro “olvido del silencio”, o incluso nuestra “huida del silencio”. Hemos de aprender, primero, a dejar de verlo como algo negativo.  Como si fuera sólo la ausencia de todo sonido. Por el contrario, el silencio es positivo… es la gran puerta a la realidad… Pues familiarizándonos en escuchar el silencio es como podremos sumergirnos plenamente en la Vida, e irnos encontrándonos… despertándonos, cada vez más, a lo Real.



Profundizando aún más…  dicen los místicos tibetanos que el sonido “OM” es lo que se llega a escuchar cuando se consigue acceder a lo más hondo del silencio: OM; El sonido sin sonido: OM. El sonido del que emergen todos los demás sonidos. La música de toda la existencia, la cual codificaron en el célebre mantra: “Om Mani Padme Hum.”  El sonido del silencio: Un diamante que brota en la flor de loto. 






Cuando no hay ni sueños ni recuerdos… cuando no hay ni siquiera una expectativa… cuando todo desaparece en el espejo puro de este instante… lo que queda entonces… es OM… el sonido vivo del silencio. Aseguran que cuando seamos capaces de oírlo… habremos entrado en el secreto mismo de la existencia…



No deja de ser interesante que  Herman Melville, el magnífico poeta y novelista newyorkino, autor de Mobi-Dick, escribiera que “el silencio es la única voz de Dios”.



Más allá de la más sutil de las vibraciones cuánticas, OM vendría a ser como el acorde ancestral: el canto primordial que sostiene al Universo. Pues, a fin de cuentas, eso es lo que quiere decir Uni-verso: un verso: un cántico: una única canción: OM.





¡Qué curioso que la palabra “misticismo” provenga de la voz griega “myein”, cuyo significado literal es, precisamente, “guardar silencio”! ¡Guardemos, pues, silencio... y escuchemos...! ¡Pongamos toda nuestra atención... y empezaremos a comprender esta instrucción que ofrece la palabra misticismo! ¡Tan sólo callarse... observar... y escuchar...!  ¡No digas nada! ¡No lo eches a perder! … ¡Tan sólo calla… y a ver lo que sucede…!   ¡Eso es meditación!





Cuando le preguntaron a Meher Baba el porqué de los gritos cuando se está enfadado, el maestro respondió que la razón del gritar se debe a que cuando dos personas están enojadas, sus corazones se han alejado mucho. Es para cubrir esa gran distancia que han de gritar, a fin de escucharse el uno al otro. En cambio, cuando dos personas se aman, sobran hasta los susurros. Se miran en silencio… y eso es todo.






Escuchar los sonidos del silencio nos lleva a escuchar nuestro propio corazón. Es un filtro que nos va purificando, que nos va enseñando a escuchar a través del amor.

Por alguna razón cantarían Simon & Granfunken, en su célebre tema “The sound of silence”, que “las palabras de los profetas están escritas en las paredes del metro  y de las chabolas... y murmuradas en los sonidos del silencio.”