lunes, 17 de marzo de 2014

“El mapa no es el territorio.” (1ª.parte) (La ilusión de "Maya")



Recuerdo un sketch teatral del grupo mímico-cómico “El Tricicle”, en el cual, como es de costumbre en ellos, bordaban la genialidad: en un escenario vacío aparecían tres exploradores con prismáticos, ataviados con la clásica sahariana, salacot y pantalones cortos. Expresaban con gestos de ansiedad que se encontraban absolutamente perdidos… hasta que uno de ellos recordaba que en un bolsillo llevaba guardado un mapa… ¡Salvados! Entonces comenzaban a desplegar el plano… lo desplegaban y lo seguían desplegando… y el mapa se iba haciendo cada vez más grande, y más grande… y más grande… Los exploradores desplegaban pliegues y más pliegues… sosteniendo cada uno el mapa por un extremo, lo que hacía que se fueran alejando entre sí… hasta que acababan desapareciendo del escenario… donde sólo quedaba el mapa extendido en el suelo…

Después de un tiempo… volvian a aparecer los tres exploradores, cada uno por un lado… reculando y mirando atentamente al “mapa del suelo” hasta que se tropezaban los tres, chocando “de culo”… ¡Se asustaban… y volvían a estar perdidos…! ¡Pero ahora… perdidos dentro del mapa! Una forma sintética y divertidísima de transferir a una escena las reflexiones de Korzybski, el padre de la célebre frase: “el mapa no es el territorio”.




La cuestión es que  no solemos captar la realidad, sino únicamente una representación,  la representación que hemos construido de la realidad… Y aunque nos parezca obvio que el mapa no es lo mismo que el territorio, no sabemos salirnos de la trampa y siempre acabamos confundiendo lo uno con lo otro. Confundimos el modelo o esquema de representación con lo real. Con lo auténticamente real. En el fondo, es algo tan absurdo como pretender alimentarnos y degustar la gastronomía comiéndonos las páginas donde se encuentra impresa la Carta o el Menú de un restaurante.



Resulta harto evidente que la palabra “agua” no puede por sí sola saciar nuestra sed. Las palabras y los símbolos han de ser, tan sólo, como “el dedo que señala a la luna”. No hemos de quedarnos mirando el dedo, sino seguir la dirección que este indica. Sólo así elevaremos nuestra mirada al cielo, hasta encontrarnos con el astro que más refulge en la noche.



Una experiencia directa de la realidad habría de transcender el pensamiento e, incluso, la percepción sensorial. Por eso, en los Upanishads indios está escrito: “Allí no llega el ojo. No va la palabra ni la mente. No lo conocemos. No lo entendemos. ¿Cómo podría nadie enseñarlo?” Sería el conocimiento absoluto, la experiencia que toda mística reconoce como inefable: imposible de comunicar. Es la experiencia del Tao, y como Lao Tse afirmara: “el tao que puede ser explicado, no es el verdadero tao”. Por eso los indios dicen que la vida es “Maya”, ilusión. Pues “maya” representa la ilusión de tomar los conceptos y representaciones por la misma Realidad. Maya es la ilusión de confundir el mapa con el territorio.


Cuando escribo este post es lunes y está a punto de llegar la primavera…  ¿Pero… acaso existen los “lunes”…? Como cantaba Manolo García (“El Último de la Fila”), “en algún lugar, alguien debería escribir que este mundo no es más que una enorme piedra redonda…”


 ¡Para que luego digan eso de que “menos da una piedra”!

             (Continuará en el próximo post.)

Escrito por:Lauren Sangall. Psicólogo Clínico. Psicoterapeuta. Premia de Mar -Barcelona-      T. 93 751 63 54      e-mail: laurensangall@gmail.com 

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